junio3

LP

Mis padres siempre han sido amantes de la música y en casa los discos nunca podían faltar. A veces en formato de casete y otras en formato vinilo. Lo cierto es que a donde fuéramos y en cualquier ocasión la música ambientaba momentos familiares o de soledad.

En ese entonces había que tener mucho cuidado para no dañar los discos de vinilo, tratarlos con delicadeza, no rayarlos y en caso de que alguno sufriera una herida, quizá con hielo se podría reparar el mal. No siempre funcionaba, pero se tenía la ilusión de que ese vinilo favorito tuviera una nueva opción de vida.

Ahora bien, si la aguja del torna-mesa llegaba al final de sus días, no era tan simple como ir a comprar una nueva. ¡No! Había varias cosas a tener en cuenta, porque, como todo en este mundo, los aparatos evolucionaba y con ellos sus agujas. Se tenía que conocer la marca y el número exacto de la misma, de lo contrario todos esos discos de vinilo que eran desempolvados con frecuencia, quedarían perdidos en el olvido.

Pero las catástrofes no sólo les ocurrían a los vinilos; las cintas de los casetes podían romperse de tanto rodarlas y en el peor de los casos, el casete mismo se quedaba atascado en el reproductor. Adiós grabadora y adiós casete.

Era otra época en la que a penas empezábamos a usar walkman y los discos compactos eran vistos como Satanás. Todavía puedo oír comentarios de los mayores diciendo: "No es igual", "No hay nada como oír la aguja tocar el vinilo", "ese carraspeo al comienzo de cada nota", "el tacto del vinilo con mis manos", etc, etc, etc.

El disco compacto era un invento que jamás podría destronar al vinilo del lugar privilegiado que tenía en mi hogar.

Pero los noventa llegaron con muchas cosas y con la adolescencia en mi casa. Mi hermano mayor estaba decidido a dar un paso hacia adelante y no tenía la menor duda de querer sus música en formato de CD. Su voz de libertad se hizo oir y fue el primero de mi familia en tener tres discos compactos. Ahora bien, tuvimos que comprar un aparato que reprodujera ese tipo de disco y fue así como en casa tuvimos el primer reproductor de CD, obviamente con casetera y torna-mesa incluidos.

Mis padres se dieron cuenta que ese demonio llamado CD no era tan malo, de hecho era menos frágil que el vinilo, el sonido era mucho mejor, ocupaba menos espacio, tenía mayor capacidad de almacenamiento, (había discos en edición especial que venían hasta con 20 canciones). Una revolución total. Poco a poco mis padres dejaron de comprar vinilos y casetes y se pasaron al hereje CD.

Con el tiempo los vinilos terminaron siendo vendidos a un precio irrisorio, todo lo que quería mi madre era deshacerse de "esa cantidad de discos viejos, que nadie escucha y que ocupan mucho espacio". Y muchos casetes terminaron en inventos de mi hermano menor, como una lámpara, porta vasos, recipientes, etc. Lo que fuera con tal de salir de esos objetos inútiles.

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Y fue precisamente mi hermano menor el que dio otro gran paso en la historia musical de la familia. A comienzos de la década del 2000 él ya no estaba interesado por los CDs y el discman; él quería algo más compacto, fácil de transportar y donde pudiera almacenar mucha música. Entonces el iPod hizo su entrada triunfal en casa. Mis padres lo veían como algo "de jóvenes", pero "nunca podrán quitarnos el gusto por el CD", decían: "no hay nada como el sonido nítido del CD", "el placer de sentarse a oír un CD con un buen vaso de vino", "ir a la tienda de discos, buscar, escoger y comprar Mi CD favorito", etc, etc, etc.

Sin embargo el camino ya estaba marcado y la música es su formato digital había nacido... para no hacer más larga la historia, les contaré que mi padre tiene un iPod y no puede salir de casa sin él, porque la comodidad de tener toda su música (esa que alguna vez oyó en vinilo, en casete y en CD) albergada en su pequeño reproductor, con un sonido excelente y la portabilidad anhelada, lo ha cautivado.

Finalmente la música, que es la protagonista a lo largo de esta historia, ha sobrevivido a todos los medios que se le hayan impuesto y lo seguirá haciendo, porque lo importante no es cómo ni dónde  escuche su canción favorita, lo importante es poder escucharla, recordar el momento en el que se oyó por primera vez y sobre todo, poder reproducirla cuántas veces se desee.

El vinilo, el casete y el CD no han desaparecido, y dudo que lo vayan a hacer, pero gracias a que la música dio un paso hacia el formato digital, hoy en día podemos tener acceso a nuevos estilos, grupos e intérpretes que antes era imposible conocer.

Yo hago parte de los consumidores de música 100% digital, hace mucho tiempo no compro un disco físico, pero puedo decirles que disfruto la música como lo hacía cuando oía a mis grupos favoritos en casete o vinilo. Mejor aún, gracias a itunes o Spotify hoy puedo escuchar la música que escuchaban mis padres y me devuelvo a esos años en los que el torna-mesa estaba en el centro de la sala de mi casa y las reuniones eran dirigidas por lo que en él se reproducía.

PD: ¿Qué sucederá con el libro electrónico? ¿Se quemará en el infierno por ser el Satanás del libro en papel?

Tags: ipod, disco de vinilo, reproductor de musica, walkman, mp3

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Comentarios   

0 #1 profile 01-11-2018 06:38
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